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Buscarse la vida y encontrarla, el perfil del emprendedor con discapacidad

Varón soltero, sin hijos, de unos 36 años, con discapacidad física de entre el 33 y el 65%, estudios universitarios, principalmente de ciencias jurídicas y sociales, y experiencia laboral previa. Este es el perfil del emprendedor con discapacidad, según el último estudio de la Cátedra Fundación Konecta-Universidad Rey Don Juan Carlos para el fomento del emprendimiento de este sector.

Las principales motivaciones que arrojan a las personas con discapacidad a trabajar por cuenta propia, según el ‘Estudio sobre el perfil del emprendedor con discapacidad en España’, son el deseo de realizarse personalmente, tener éxito, ser independientes económicamente, y participar en nuevas iniciativas. Sin embargo, sus limitaciones externas para emprender un negocio propio son las mismas que para cualquier otra persona: dificultad para la financiación, escasez de recursos y asesoramiento, falta de experiencia, escasa formación de autogestión, planificación ocupacional y creación de una marca personal.

Un reportaje publicado en ‘cermi.es semanal’ explica que, pese a ello, y aunque la mitad de los encuestados tienen un grado educativo superior (46% de universitarios y un 12,4% con un máster), el nivel económico no se corresponde con ese nivel de preparación académica, y la mayoría de los emprendedores y emprendedoras con discapacidad se encuentra en rangos de entre 9.000 y 22.800 euros anuales.

Curiosamente, este trabajo, el primero que analiza el perfil del emprendedor con discapacidad buscando diferencias con el que no tiene discapacidad, así como las necesidades y aspectos a abordar para garantizar el éxito de su carrera emprendedora, constata que las áreas de emprendimiento preferidas por las personas con discapacidad que crean su propia empresa son, fundamentalmente, “las de consultoría y servicios, educación y formación, e informática y telecomunicaciones”.

Además, el conocimiento “válido” aportado por la investigación de esta cátedra refrenda lo que el movimiento de la discapacidad lleva defendiendo desde hace años, que el emprendimiento de las personas con discapacidad además del propio “autoempleo, independencia económica, realización personal”, redunda en la sociedad por su consiguiente “incremento de la población activa”, que aportarán a la Seguridad Social y que “reducirá el coste por prestaciones sociales por dependencia” o la posibilidad que ofrecen sus negocios a otras empresas y administraciones públicas de “subcontratar los servicios de un emprendedor con discapacidad, una de las medidas de incentivo existentes en España”.

La directora de la Fundación Konecta, Graciela de la Morena, hace hincapié por su parte en que “no es baladí que las personas con discapacidad que más emprenden tengan estudios universitarios” porque ” para lograr su título”, refiere, “habrán tenido que superar muchas barreras que les habrá aportado más confianza en sus capacidades, y habilidades como la perseverancia y el esfuerzo, imprescindibles para emprender un negocio”.

En su opinión, el desarrollo de una educación especializada, una cultura emprendedora y una actividad económica entre las personas con discapacidad es de “vital importancia” ante la tasa de empleo de este sector, que duplica el de la población en general, “ya que, en su caso, a la escasez de ofertas de empleo se suma la discriminación que experimentan debido a prejuicios o a la falta de accesibilidad de las empresas”.

Para impulsar el emprendimiento de las personas con discapacidad, a partir de los datos recogidos en ‘Estudio sobre el perfil del emprendedor con discapacidad en España’, se plantean varias recomendaciones entre las cuales destacan, enumera De la Morena, la de crear una cultura emprendedora mediante la formación desde niveles preuniversitarios; el desarrollo de legislación al respecto; la creación de medidas de al autoempleo y el emprendimiento de las personas con discapacidad. A estas, hay que sumar la de “propiciar que el ecosistema emprendedor existente sea inclusivo y, además, contemple parámetros de accesibilidad, que garanticen la participación del emprendedor con discapacidad”.

El director de la cátedra Fundación Konecta-URJC, Ricardo Moreno Rodríguez, por su parte, matiza estas directrices e insiste en que “es preciso crear la cultura emprendedora transversal y longitudinal respecto a la vida académica y, por tanto, que comience a cultivarse en niveles preuniversitarios” para que las personas con discapacidad “sean conscientes de que esta alternativa existe”. También recalca la “indispensable” legislación y medidas de apoyo activo al autoempleo y al emprendimiento de este sector poblacional.

Para el director de la cátedra, que informa de que las conclusiones finales del estudio “están pendientes de aprobación” y se publicarán próximamente, “uno de los aspectos fundamentales que determinan la calidad de vida del ser humano es su participación en los espacios comunes y servicios públicos de su comunidad”. “De ahí”, añade Moreno, “que garantizárselo a las personas con discapacidad en el ecosistema emprendedor existente aumentará su calidad de vida”.

Por último arremete el director de la cátedra contra ese “falso mito de que el emprendedor con discapacidad esté abocado crear empresas sociales como principal estrategia”. “Es una alternativa, pero no por ser una persona con discapacidad eres emprendedor social”. De hecho, como así lo demuestran los proyectos de emprendimiento operativos gestionados por emprendedores y emprendedoras con discapacidad, bajo el paraguas de la cátedra, “tienen”, lo visibiliza su director “una clara visión tecnológica”.

Fundación Universia también participa con Fundación Konecta y la URJC entregando 12.000 euros a seis emprendedores con discapacidad. http://ow.ly/4mNTCy